La infancia en tiempos de crisis

24.03.2020

Si tú estás bien, tus hijos también lo estarán. La mejor tarea es que nos cuidemos física y emocionalmente entre todos. No debemos pedirle a los niños y niñas que se adapten, creciendo demasiado rápido. 

Manifestaciones sociales, pandemias... Son difíciles los cambios por los que está atravesando nuestra sociedad. Todo esto incide en que los cuidadores, estemos más irritables, estresados, y ciertamente, menos dispuestos a tolerar rabietas, gritos o juegos que desordenen el pequeño espacio, donde nos hemos visto obligados a convivir por la cuarentena. En tiempos donde todo es serio, donde hasta el contacto con otras personas implica riesgo, es fácil esperar que los/as niños/as "se comporten", que "no molesten", puesto que hay problemas más graves que atender.  Todo este estrés puede gatillar reacciones desmedidas en nosotros, quienes podemos terminar desquitándonos  con los/as niños/as.

Usualmente contamos con espacios para adultos y espacios para niños/as bien delimitados. Sin embargo, la contingencia nos acerca poco a poco a una cuarentena total obligatoria, donde los distintos miembros de la familia y sus particularidades, deberán convivir en el mismo lugar. 

No todas las familias contarán con la posibilidad de adaptar los espacios para la necesidad de estudio, trabajo, descanso o recreación. Quizás se sume a ello, incertidumbre laboral o problemas económicos, esperando que todos las personas que nos rodean permanezcan sanas.  Y justamente,  este escenario, donde la situación externa nos excede, donde no podemos controlar qué sucederá y donde debemos convivir con personas que usualmente tienen sus propios espacios, es el caldo de cultivo para el estrés en la familia. 

Los/as niños/as de tu hogar estarán atentos a todo, posiblemente sepan más de lo que te imaginas por conversaciones o noticias que han oído, sobre todo saben que lo que sucede es tan difícil que afecta a sus padres. Y ellos/as no se mantienen indiferentes nunca ante los padres y/o cuidadores. Si notan que la situación te supera, no por un momento, sino permanentemente, trataran activamente de llamar tu atención. Puede que reaccionen a tu estrés buscando más cercanía física, haciendo más rabieta o buscando hacerte reír. Algunos buscarán no preocupar a los padres, ellos serán los bien portados, los que parecerán adaptados, a esos/as niños/as no hay que dejarlos de mirar.  No olvidemos que en el pequeño universo de la infancia, nuestras acciones adquieren medidas insospechadas. Si esperamos que un/a niño/a "se comporte" (como adulto) dejará tras de sí, el tesoro que le provee la infancia.

 ¿Y qué valor tiene esta etapa? Pues justamente nos da las herramientas fundamentales para poder manejar la ansiedad y la frustración; nos entrega la piedra angular de la empatía y aquellas habilidades blandas de las que tanto se habla. El maravilloso regalo de la creatividad, de la fantasía, de la alegría espontánea, los comienzos de la risa compartida y del humor. Todos aquellos pequeños placeres que de adultos nos darán paz y consuelo, como comer chocolate, jugar con una mascota o simplemente imaginar.

No, los niños y niñas no deben adaptarse a lo que nosotros necesitamos. Como adultos es nuestro deber seguir protegiéndolos, no alimentando el miedo ni el estrés en nosotros ni en ellos. No olvidemos que somos sus superhéroes, que tenemos el poder de hacer pasar la pena y el dolor solo con un abrazo, la fuerza para  ahuyentar monstruos en la oscuridad y que tan solo un pañuelo con el olor de una madre es el mejor antídoto contra la ausencia. Debemos seguir mostrándoles todo aquello que consideramos bello del mundo. Permitirles jugar, permitirles ser y aprender de la infancia, que aún frente a las más grandes dificultades tiene el espacio para el humor, la imaginación y el juego si es que se los permitimos.

Por ello, cuídate. Evita intoxicarte con información. Lo justo y necesario. Date un respiro, desconéctate de las obligaciones unos minutos al día. Trata de dormir bien. Conversa con otros adultos de tu entorno sobre cómo te sientes, y si lo consideras necesario, busca ayuda profesional. Apóyate si lo necesitas, tus hijos/as no requieren que seas siempre fuerte, sino que estés para ellos. Para escuchar, para jugar, para dar espacio a la niñez, para poner límites cuando sea necesario, pero es difícil hacerlo si nosotros como adultos, no estamos bien.  Por ello, enfócate en las pequeñas cosas que sí puedes controlar, trata de armar una pequeña rutina y espacios multifuncionales. Dales un lugar en tu casa a los/as niños/as, dales un tiempo, estamos en un proceso de adaptación, donde terminarás conociendo más que nunca a tus pequeños... y ellos a ti.